martes, 10 de marzo de 2015

Enfado colectivo.

Hoy estoy muy enfadada conmigo. 
He vuelto a buscarte en los espejos y no me he visto.

He llorado tres veces mi nombre y he aparecido. 
Automáticamente me he escupido. 

No me quiero si no es contigo. 

Tengo el amor propio a la altura de los tobillos.

Me he tropezado con el día que nos conocimos 
y, de pronto, he desaparecido.

Me he encontrado con los ojos en los puños 
y el corazón escondido en un beso tuyo.

No quiero ver más que aquello que aún nos mantenga vivos
y repito tu nombre como si tú aún quisieses oírlo.

Por un susurro te he sentido conmigo.

He besado el suelo cuando he caído en la cuenta 
de que son más meses sin ti que los que hemos compartido. 

Empiezo a hacerte espejismo y acabo haciéndome añicos.

Soy toda la arena de una playa que por ti podría haberse hecho castillo.
Soy un terremoto tiritando de miedo a no morir contigo. 

Mi casa tenía vistas a amar,
pero te has ido y me has dejado con una duda delante
y una deuda detrás.

Por eso la he tenido que derribar.

Tengo tu amor al cuello y el corazón lleno de agua. 
Llueve hacia arriba y no es ninguna leyenda urbana. 

Te estoy llorando desde el estómago hacia la garganta.

Te vomito.

Contigo aquí dentro siento que no respiro
y sin ti aquí dentro respirar no tiene ningún sentido.

Hoy estoy muy enfadada contigo.

domingo, 8 de marzo de 2015

Ojalá el amor de tu vida te regale una corona de flores llena de espinas.

Tenías que ser tú quién encontrase la aguja en mi pajar
y me cosiese las yemas de los dedos a su espalda.
Mudando después la piel.

Dejándome por una loca enamorada de un fantasma.

Ahora tengo aletas hechas de tu piel
y de tanto llorarte me han salido escamas.

Soy la perfecta definición de una sirena.
Pero ya no canto. 

Encerré mi voz dentro de caracolas 
que te gritaban que me salvaras, 
y la he perdido junto a la esperanza. 

Mi último suspiro ha sido en tu nombre 
y de tanto nadar a contracorriente 
tengo la tráquea llena de sal.

Quiero que salgas de mi vida
y que no encuentres la forma de volver a entrar. 

Me he bebido todo el alcohol de esta isla 
y he escrito nuestra historia para embotellarla
y lanzarla a tu océano de lagrimas de cocodrilo,
para arrojar un poco de luz sobre tanta mentira.

Escucho tu nombre y siento náuseas.
Eres la peor de todas las resacas. 

Si aún pudiese mirarte a la cara, 
te aseguro que te vomitaría 
una a una tus mentiras. 

Eres la definición gráfica de la hipocresía.

Ojalá algún día te enamores
y yo esté presente cuando te destrocen. 

Ojalá digan quererte tanto como tú me has demostrado hacerlo,
y ojalá tus mariposas aprendan a bailar y les corten las alas.

He cerrado los ojos y he guardado un minuto de silencio por las mías.
Jamás te perdonaré la masacre de aquel día.