lunes, 21 de mayo de 2012

Un día no tan cualquiera.

21 de Mayo de 2012, 14:06 del mediodía, suena "Safe & Sound" de Taylor Swift una vez más. La persiana de mi habitación ha ido descendiendo a medida que el Sol se ha ido escondiendo y el frío comienza a parasitar mis huesos. El reloj continúa marcando las horas, pero mi reloj interno se ha parado. Mi madre se preocupa por los lloros, y se enfada porque en cierto modo la desprecio, no quiero que me abrace, sólo quiero que lo hagas tú. Me quitas el permiso de ver el Blog que con tanto amor hiciste para mí, y no sé por qué extraña razón entro al Tuenti, y veo cómo se re-etiquetan en tus fotografías; me resulta estúpido, quizás porque la última vez que intenté entrar a tu perfil, la cuenta se mantenía cerrada al público. Serán casualidades. 

Hace hoy tres meses que comenzó oficialmente nuestra relación y hace cuatro horas que finalizó. Nunca se nos han dado bien los aniversarios, a excepción de ese 6 de Abril a tu lado que fue indescriptiblemente perfecto, pero eso no ha sido más que otro obstáculo que superar, y que con amor, superamos juntas. Siento el frío corriendo por encima y por debajo de mi piel, pero aún no llega a mi corazón, por lo que no consigo asimilar aún que es este el final de nuestra historia. 

Tras una ducha con "Safe & Sound" de fondo, me visto y voy a por Laura a la salida de su instituto, en mis oídos retumba "Lovesong - Adele" y "The one that got away - Katy Perry". Laura sale, me abraza, y yo intento desviar todo tipo de conversación a su terreno.

Llegamos a su casa, momento en el que te hablaría, para decirte que, nuevamente, he tenido que comer dos veces, y que en mi casa, el plato del día eran lentejas, si, lentejas... La madre de Laura me pregunta por mi, por el examen que, como bien sabes, no voy a realizar; y yo intento contener mis ganas de explicar todo lo que realmente pasa, solo le ofrezco unas pinceladas de mi situación y me cobijo en el cálido cuarto de Laura.

Nos colocamos frente al ordenador, en realidad, cuanto menos me hagan hablar, mejor, y Laura me comprende a la perfección; no me pide palabrería, solo presencia. Quiere tocar "The one that got away", y le pido que, por favor, no lo haga... así que, aunque el cambio no sea muy positivo, coloca las manos sobre la guitarra y toca "Desperate - Stanfour", que también huele a ti.

A las 18:10 es la hora de irse, Paula me espera al otro lado del puente, nos encontramos en un punto medio casualmente, y me abraza, aunque no lo hace nunca para recibirme. Sabe que hoy lo necesito, pero que, en su caso, también necesito sus palabras. La acompaño a hacer fotocopias, mientras me habla de sus aventuras, desatendiendo mi tema, haciendo, exactamente, lo que quiero que haga, sin necesidad de comunicárselo previamente.

Un batido para ella y McDonalds para mi. Intento que nuestra rutina no varíe por mi estado de ánimo, al fin y al cabo, ella no tiene la culpa de que, a cada paso que doy, te eche de menos. Me acomodo en las risas fáciles, en las anécdotas de Paula, y en mi lista de "metas a cumplir", aunque, al momento, me doy cuenta de que en esa lista también apareces tú e intento pensar en otra cosa.

Me acompaña a casa, nos encontramos con Gwen y con su novia, y son las historias de Paula las que llevan el hilo de la conversación, eso y su mini-viaje sobre el "juguete" de Gwen calle abajo. Al momento nos vamos, vuelvo a mi cuarto, pero no sola, y eso me reconforta.

Alrededor de dos horas discurren entre las cuatro paredes de mi habitación, con Paula sentada en la silla contigua a la mía, no haciendo nada especial, es cierto, pero sintiéndome tranquila, sin oportunidad de romper a llorar, porque se que detesta que lo haga, y yo detesto que se sienta mal al preocuparse por mi.

Algo más tarde de las nueve, Paula se va y yo la acompaño a la puerta, para saborear las últimas risas compartidas del día con ella, y después me siento frente al ordenador. Rescato conversaciones con personas con las que hacía mucho tiempo que no hablaba y con una persona con la que nunca antes había hablado, y eso me ameniza la noche, me hacen sentirme en casa, aunque el echarte de menos solo se difumine, no desaparezca.

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