lunes, 9 de mayo de 2016

Aquí no hay tiempo para lamentos.

A lo mejor lo intento contigo y todo nos sale mal.
A lo mejor no lo intento contigo y todo nos sale mal.

Quién sabe.

Yo quiero saber cómo sabes.

A lo mejor esto consiste en dejar de pensar y empezar a actuar,
porque si me lo pienso y piso el freno, después ya no sabré arrancar
y me quedaré con las ganas de arrancarte la ropa en cualquier soportal.

El amor es un coche que se cala cuando dudas,
así que lo mejor va a ser dejarse acelerar y no mirar ni atrás, ni más allá
y que la vida me atropelle si me tiene que atropellar.

Ya sabes que soy más de recibir impactos que de esquivar dardos.
Aprieta tú el gatillo que yo prefiero recibir el disparo.

No existe bala más sincera que el te quiero de un borracho
y aquel mensaje que creíste y deseaste no haber mandado.

El subconsciente no está entrenado para el engaño, 
por eso él quiere mejor que muchos humanos.

¿Dé que te sirve regalar besos vacíos si después lloras hasta colmar el vaso?

Ven y vamos a emborracharnos.

A lo mejor te beso y no te tengo que besar,
pero si no te beso y me arrepiento, no me lo voy a perdonar. 

Lo que no quiero es no hacer y después desear.

No quiero desear y no hacer por miedo al qué dirán. 

Al qué pasará. 
Al equivocarme y meter la pata hasta atrás.

Así que, si no te importa, te voy a volver a sacar a bailar.

Porque aquí sólo hace el ridículo aquel que dice saber querer y después se arrepiente de haber salido corriendo
y sólo se equivoca aquel que no hace y después sueña con haberlo hecho.

Lo siento,
aquí no hay tiempo para lamentos.

domingo, 28 de febrero de 2016

No dejes para mañana lo que te puedas perdonar hoy.

Vengo a pedirme perdón porque me merezco una disculpa
y quiero soltar ya la pistola que reposa sobre mi nuca.

Vengo a pedirme perdón,
a barrer todos los trozos de espejo
y a recoger los restos del desprecio que me caracterizó durante mucho tiempo.

Vengo a pedirme perdón por todas las veces que me he insultado

que me he esposado las manos, 
que me he burlado de mis lamentos
y que me he tirado del pelo hasta verme arrastrada por los suelos.

Voy a pedirme perdón porque aún no me quiero, pero quiero,
y a dejarme claro que no me voy, que yo me quedo.

Vengo a pedirme perdón y a admitir mi culpa;
a esconderme la fusta, a besarme el corazón
y a susurrarme que aún tenemos cura.

Vengo a pedirme perdón porque me lo merezco,
porque aunque ellos no me quisieron,

fui yo la que me incitó a sumergirme en un agujero negro de odio, asco y miedo;
y quiero salir de esto.

Por eso voy a decirme que lo siento
y que me arrepiento de mi comportamiento.

Vengo a pedirme perdón y esta vez voy a concedérmelo.