domingo, 15 de junio de 2014

No me hieras, extíngueme.



 
[Inserte bala mortal aquí.]

No se permiten balas de fogueo, 
ni segundos intentos.

Quiero un suicidio camuflado de asesinato.
En tus manos.

Será una fiesta en la que en vez de confeti utilizaremos pólvora,
en la que festejaremos todas esas veces que dije morir por ti,
que te eché la culpa cuando era propiedad mía.
La culpa, que no el cuerpo.
Que por mi culpa ya no era mío.

Te lo había cedido
y moriría siendo tuyo,
pero no por voluntad mía;
si no porque ya no era capaz 
de recuperar el control del mismo.

Motivo de mi muerte: No me quiero tuya.

Quiero una muerte sin rodeos, 
sin dejar víctima muerta y vegetal 
en un cuerpo aparentemente vivo. 

No quiero supervivientes de esta catástrofe que un día bauticé con el nombre de Amor. Ya bastante he sobrevivido a tu recuerdo con el único deseo vivo de yacer en tus marcas de nacimiento. Deseo para nada cuerdo, pero igual de involuntario que permanecer maniatada a tus huesos.

Aún no entiendo por qué razón hice de tu cuerpo mi patria, si tú nunca me quisiste conquistadora del mismo por mucho que jugases por las noches con mi bandera blanca.

Quiero una muerte digna, ya que la vida, contigo, no lo ha sido.
Me he desprendido de todo lo importante para que tú te sintieras algo que no eras.

Imprescindible.

Yo era imprescindible para mí y, en cambio, fue sin lo primero que me quedé. 
Y vienes a hablarme tú de supervivencia cuando has tenido más de lo que podías coger.

No me quiero libre,
no me quiero bonita;
no me quiero, ni me sé de ninguna forma desde que soy tuya.

Y así es justo como no me quiero.
Así que mátame.

Haz algo bien por una vez en tu vida:
Dispárame y no finjas piedad.

No mientas a una moribunda.
No me mires con cara de no haberme roto el corazón. 
De no haberme dinamitado los cimientos con premeditación.

No seas hipócrita, disfruta del momento;
sonríe mientras aprietas el gatillo y me disparas al corazón, 
porque en el fondo, nos estoy haciendo un favor.

Tú no me quieres, 
y yo no recuerdo la vida, 
o lo que quiera que sea esto, 
si no es intentando que lo hagas. 

Si te apenas es sólo porque nadie va a hacer por ti ni la mitad de lo que yo hice.

Sé justo, aunque eso es justamente lo que no sabes ser.
Y déjame ir. Pero no me hagas volver.

Vuélame los sesos del mismo modo 
y con la misma delicadeza 
con la que me cortaste las alas
y me hiciste perder la cabeza. 

Mátame bien muerta,
y déjame ahí.

No llames al 112,
no escuches a tu conciencia,
- si es que tienes -
porque mi única emergencia 
es alejarme para siempre de ti. 

Aunque eso conlleve desprenderme también de mí.

No te guardaré rencor si al menos esto lo haces bien,
y si, para variar, limpias nuestros destrozos.

Abandóname a la suerte de mi cadáver,
seguro que muerta tendré mejor suerte que viva. 

Por mi parte no te voy a desear nada 
que no te haya deseado en vida.

Ni tan siquiera...
Y mucho menos, la vida.

viernes, 9 de mayo de 2014

Como primera y única opción.

Prefiero ser la flor más seca de tu jardín 
para que me guardes entre tus libros 
y poder leerlos cada noche contigo.

Prefiero ser el pájaro que no vuela,
que se ha cortado las alas 
para poder dormir
toda una vida
sobre tu espalda.

Prefiero ser paja en vez de viga
si tus manos son cerillas,
y así quemarme 
es resurgir de las cenizas.

Prefiero ser la letra muda,
el secreto que esconde lo que siento,
que calla lo que no necesito decirte.

Tú sólo escucha los silencios 
que dejamos entre los besos. 
Que entre beso y beso 
no hay necesidad de versos.

Acepto ser destrozos y escombros,
lidiar yo sola con mis catástrofes y demonios.

Tú sólo ven, 
pero no preguntes el por qué de mis heridas,
ven y quédate aceptando que una vez fui derruida.

Que soy una chica en ruinas
que quiere ser casa,
que busca su casa;
que intenta abandonar su vida
y que lucha por cesar la huida.

Pero no te encuentro 
y no puedo dejar de correr en círculos
esperando a que te cruces, 
a que descruces las piernas 
y me sientes sobre ellas.

Que veas como especial lo extraño.
Como bonito lo roto, lo raro.

Que me veas y no quieras dejar de mirarme.
Porque quien una vez deja de mirarte, no vuelve a verte.

Prefiero ser la chica triste,
si el pronombre posesivo es el tuyo.

Si siendo tu chica triste,
dejo de ser triste,
dejo de ser chica,
pero sigo siendo tuya.

Prefiero ser el disco más rallado de tu mesita,
que tu tocadiscos me arañe en tus desvelos
y que me vivas hasta me salgan cicatrices 
que ni el tiempo, 
ni las tiritas 
van a poder curarme.

Porque prefiero las heridas de guerra 
a que nunca me hagas el amor.

Que me toques hasta rasgarme,
dejando al descubierto 
todos los defectos 
que intento ocultarte. 

Prefiero eso a que te des la vuelta 
y no me dejes abrazarte.

Prefiero desangrarme, 
desgranarme, 
desgarrarme por dentro y por fuera.
Latirte con el corazón en carne viva.

Y que me quiten la vida si es en tus manos,
que no me quiero en otros brazos.

Porque prefiero consumirme allí
a desgastarme con el desuso 
que conlleva la imposibilidad 
de no elegirte una y otra vez
como primera y única opción.